domingo, 4 de septiembre de 2011

Descubriendo dormida

Desde hacía unos días estaba notando un cosquilleo, era como el de la lluvia acariciando la piel, pero en el estomago. Algo ocurría a su alrededor imposible de percibir, lo notaba, pero sus ojos eran incapaces de darle alguna pista. Respiró profundo y olió la tierra, humedad. Tragó saliva y supo que sabía dulce y ácido a la vez, a color morado. Agudizó el oido y escuchó la hierba agitada, las hojas caer. Sus manos jugaban con las motas de polvo que descubre la luz del sol entre los árboles. Algo estaba cambiando en torno a ella. Se sentó en una roca del parque mirando sin esperar nada, le encantaba hacer eso, esperando lo inesperable, lo que no se sabe que va a llegar... todo.
El cosquilleo continuaba, se quedó dormida, apartó las hojas mas frondosas, y comenzó a caminar. Llego a una pradera amplia, guardada por un único árbol y de la que salían muchos caminos. La pradera parecía un lugar perfecto donde descansar, pero le picaba la curiosidad, ¿Donde llevarían esos caminos? Quizá alguno se adentrara en el bosque, puede que otro llevara a una pradera aun mas hermosa... tal vez alguno era una senda hacia un río...¿Serían muy largos? Siempre le había costado mucho decidirse, quizá fuera mas fácil quedarse disfrutando de la pradera, tumbarse al sol, dar algún brinco, buscar algún insecto azul... Se sentó a disfrutar en el medio de aquel claro, mirando de reojo los caminos, rascándose la curiosidad. Pasaron los minutos y empezó a sentirse un poco incómoda, hacía algo de frio, la hierba estaba algo seca y pinchaba. Buscó otro sitio para tumbarse y se puso un jersey. No encontraba la postura, tan pronto la picaba un codo como el dedo gordo de un pie, la dolía un brazo, o zumbaba un mosquito en su oreja. Intentó relajarse, disfrutar del lugar, estaba en un sitio maravilloso, el lugar perfecto para respirar profundo, pensar y relajarse.
Respiró profundo, pensó y no consiguió sentirse tranquila, el viento hacía que el pelo se le revolviera y molestara en la cara. Empezó a darle vueltas a la idea de marcharse, poco segura.
-Se me está haciendo tarde, si me pongo a caminar por alguno de estos senderos no me va a dar tiempo de disfrutar de lo que oculten al final, tendré que volverme pronto- Quedaba poco para que oscureciera y estaba empezando a preocuparse por ser incapaz de sentirse a gusto. Un nudo apretó su garganta. Buscó algo en lo que fijar su atención y su mirada se quedó prendida en las ramas del único árbol que crecía a su alrededor, era un olmo, dicen que el olmo es uno de los pocos árboles cuyas hojas no son simétricas, y pasó largo rato buscando su imperfecta forma. Pudieron ser horas o minutos, y de pronto, en un parpadeo, ocurrió algo maravilloso, una de aquellas hojas echó a volar, pero no con forma de otoño sino de mariposa.
Notó de nuevo un fuerte cosquilleo en el estomago, y sintió la necesidad de levantarse, siguió a la mariposa con la mirada primero y mas tarde con los pies, se movía en todas direcciones sin decidirse por ninguna en concreto, daba tumbos de un lado para otro. El cosquilleo era cada vez más grande, parecía que aquel ser alado revoloteara dentro de su estomago en lugar de danzar libremente por el claro. Y de pronto recordó que estaba dormida, soñando, que probablemente estuviera tumbada en la roca del parque y que esa mariposa si fuera la que removía su estomago. Giró observando todo lo que la rodeaba y entonces la vio de nuevo, tímida se adentraba por un camino. -Es casi de noche- pensó- no llevo linterna, el camino será oscuro, es posible que no lleve a ningún sitio y tenga que volver sola de noche. Quizá podría encontrar la forma de estar cómoda en la pradera, no puede ser tan difícil, es un lugar precioso, seguro que desde aquí la luna se ve llena...- Agobio.
Las cosquillas continuaban subían desde el estomago a la garganta, la mariposa había desaparecido. Dio un paso adentrándose en un camino para ver si la veía más adelante, nada, dio otro paso, y tras él muchos mas, al principio giraba la cabeza inquieta mirando el claro que se alejaba lentamente, pronto empezó a olvidarse de aquel lugar, parecía un camino largo pero estaba tranquila.
El final de ese camino es como el final de este sueño, desconocido aún. Se despertó en el parque pensando en lo valiente de poner los dos pies dentro de sí y caminar con ellos, dejarse llevar por sus instintos alados. Se despertó aprendiendo a escucharse, desechando la idea de perseguir encontrarse a gusto, buscando encontrarse y llegar donde no tuviera que buscar la postura, la forma, la manera... Dónde sentirse bien no sea una meta, sea una realidad. Quizá aquello que cambiaba, imposible de percibir a simple vista no estuviera a su alrededor, quizá el otóño empezara esta vez, dentro de ella.

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