jueves, 8 de septiembre de 2011
Enredo
que son inexistentes los resquicios y las grietas entre árboles abrazados en lo alto, arañando la luz del sol sin conseguir llenarse las uñas, más que de deseo . Siento como ellos en sus pies sienten la boca del lobo, el armario lleno de monstruos, el oscuro hueco bajo la escalera, el fondo del saco. Los ojos cerrados, en una noche que se deshace eternamente entre suspiros y susurros de polvo encantado. No se mueven las agujas, no suenan las y cuarto, no se cuentan los segundos, la eternidad es aplastante y devora, devora con besos, muerde, corre y busca. Buscadora de momentos, para guardarlos en cajones de llaves perdidas, en tarros de minuteros triturados, en compases sin tempo. Colgada boca abajo se me vacía el alma por doquier y por bolsillos al revés. Se comba mi cuerpo queriendo rozar con la nariz el suelo, rizando pensamientos atropellados en mi cabeza, zambullendo las manos entre tus olas. Las huelo, las bebo y las recorro con cada centímetro de mi cuerpo ahogado, dormido, dominado. Todo se para en telarañas tejidas por ramas, donde quedan atrapados los gemidos como mosquitos buscadores de miel. Solo un animal recorre la oscura sima del valle. Escudriñando con sus orejas el paisaje, blanca como la luz de la luna, misteriosa hechicera cazadora de ilusiones, pensamientos, intuiciones, deseos... Mientras todo duerme, alza el vuelo, y se lleva mis sueños. Al rozarte siento
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