Cuando un dia en clase a Filomena le preguntaron en que le gustaría trabajar futuristicamente, puso cara de mayor, y contestó muy convencida: Quiero ser pescadora de plumas en la Luna de Valencia. Su profesora sorprendida por la respuesta solo alcanzó a preguntar... ¿En la luna de Valencia? - Si, claro- contestó resuelta- es la más bonita de todas, sus vistas son increibles, hay mucha gente que pasa en ella largas temporadas, pero pronto les entra la inquietud, no se muy bien porque, de volver a posar los pies en el suelo, y se olvidan de como volver. La luna de Madrid no esta mal, pero me gustaría mudarme a Valencia, además para ser pescadora necesito tener cerca algún puerto.
A Filomena su madre le regañaba día y noche- Filomena …¡vuelve! Estas en la luna hija, todo el día en la luna ¡a ver cuando pones de una vez los pies en la tierra!.- Pero a Filomena le daba mucho vértigo eso de mirar hacia abajo y ver la tierra donde, se suponía, debía poner los pies. Parecía estar lejos, muy lejos, y además había oído que no era un lugar muy agradable, que la gente no se trataba muy bien y que había mas caras serias que alegres.
En Inopia eso no ocurría, allí ella vivía fenomenal, cada día, algo en lo que no se había fijado antes, la sorprendía dándole al día un color distinto al anterior. - Filomena... ¡Estas siempre en la inopia y no puede ser! ¡ Un día te vas a dar de bruces con la realidad y se te va a quitar esa sonrisa empanada que pones mirando al vacío!
A Filomena no le gustaba nada ese comentario, y no porque no le gustara la empanada, la de su abuela era su plato favorito, sino porque realmente le daba mucho miedo eso de darse de bruces con la realidad, por eso no se atrevía a pegar el Gran Salto y seguía cómodamente sentada en la luna, bien agarrada y segura, mirando al vacío... -¿Vacío?- Se preguntaba.... -¡pero si esta lleno de cosas maravillosas! Motas de polvo danzarinas en el aire, gotas de agua perdidas por un soplo del viento, plumas caídas en el batir de alas de los pájaros... ¡lleno de cosas esta el vacío!- ¿Acaso su madre no podía ver nada de esto? - Que pena....- pensaba Filomena.- no me extraña que tenga esa cara tan seria. -No vas a crecer nunca así, hija, mira que espabiladas están tus demás compañeras- le reprochaba su madre- ¿Cuándo vas a dejar de portarte como una niña?- ¿Crecer?- se preguntaba Filomena,- ¡pero si ya he crecido! Soy la mas alta de mi clase! ¿ por que querrá mi madre que deje de portarme como una niña?, con la suerte que tengo de haber nacido niña y no adulta! Los niños ríen más, juegan, pueden ensuciarse, despeinarse, dormir mucho, ¡sus libros tienen dibujos!, no se cansan corriendo, cantan sin pasar vergüenza... y lo mejor de todo, no se les ha olvidado que existen los duendes, los gatos parlanchines, los lobos feroces, las pócimas mágicas, las casas encantadas... - Todo esto pensaba Filomena cuando oyó a lo lejos que su madre decía...- No puedo más con esta niña, ¡me voy!-
-¿Se va? ¿Mamá ha dicho que se va? ¿será para siempre?, ¡No!, ¡espera!, ¡Que salto!- Y saltó, pero con los nervios y las prisas, no calculó bien donde iban a caer sus pies y cuando dejó de caer estos no tocaron la tierra.... ¡Se sumergieron en el mar!
Filomena no sabía nadar y se hundió, se hundió... hasta quedar sentada en la arena del fondo marino. La tocó con sus manos y estaba suave, cientos de burbujas flotaban por el Vacío del agua, la luz del sol penetraba desde la superficie haciendo que luces traviesas titilaran a su alrededor, mientras las corrientes de agua fría y caliente la mecían... De pronto sintió que se movía veloz, dando mil volteretas y vaivenes; cuando aquel remolino se marchó dejando un rastro de espuma noto el calor del sol sobre la piel y oyó ruido, mucho ruido, el ruido de la música del bar, un niño que lloraba porque no se quería marchar a casa, el claxon de un coche que no podía salir del aparcamiento... -esto si se parece más a lo que dicen que es la Tierra...- pensó Filomena.... - ¡Me voy! ¡Tu padre se está yendo hacia el coche! ¡Ven y trae tu toalla!- la voz de su madre la despertó, Filomena se incorporó y vio que todo su cuerpo estaba cubierto de arena, se había quedado dormida en la orilla del mar, con los pies en el agua, el cuerpo en la tierra y la cabeza... en la luna, siempre en la luna.
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