miércoles, 24 de agosto de 2011

Sauca

Sauca nació con un don extraño, la primera idea que tuvo, siendo bien pequeña, explotó en su cabeza en forma de un diminuto brotecillo verde. De aquella idea surgió otra y, con ella, aparecieron las primeras hojas, que se elevaron en un largo y fuerte tallo, y es que Sauca seguía creciendo, y de igual forma sus cada vez mas abundantes ideas que hicieron que, en su cabeza, naciera un fuerte y joven árbol.
Al principio Sauca temía las burlas de sus compañeros, y escondía esos brotes con bonitos y coloridos sombreros que eran la envidia de todas las niñas del colegio. Pero cada vez era más difícil ocultar las ahora fuertes ramas que crujían molestas bajo sus excéntricas y grandes pamelas. Un día, estando en clase, ocurrió lo inevitable, Sauca levantó la mano y al hablar.... ¡¡CRAC!! una de aquellas ramas agujereó el sombrero y se abrió paso hacia el exterior. Todos sus compañeros de clase se quedaron boqueabiertos y el silencio fue roto al fin por una primera e hiriente carcajada que hizo que Sauca avergonzada se marchara corriendo de la clase pensando en no volver jamás. Corrió y corrió por un camino de tierra que comunicaba su pequeño pueblo con un lugar desconocido para ella, pronto tuvo que parar a descansar y entre lágrimas se sentó bajo un gran árbol cercano al camino. Echa un ovillo pensaba en lo mucho que odiaba su arbórea cabeza y en lo mucho que la gustaría tener un bonita melena que poder trenzar como las demás niñas en lugar de una maraña de hojas y ramas. De pronto notó que algo rozaba sus brazos. Unas hojas amarillentas caían sobre ella, levantó la cabeza preguntándose porque el árbol bajo el que estaba sentada se desprendía de sus hojas en primavera, pero aquel árbol seguía tan verde y hermoso como siempre. Las hojas mustias que caían sobre ella eran las de su propia cabeza. Alzó las manos para tocar sus ramas y notó seca su corteza y retorcida su forma, no le gustó, que rabia.... ¡CRAC! Sonó. Y con horror se dio cuenta de que había partido una de aquellas ramas imposibles de peinar y que ahora se quejaba astillada en su mano. La contempló aturdida, y con la otra mano se palpó la cabeza buscando el dolor... más de una vez había visto a sus compañeras de clase mantener absurdas peleas en las que alguna vez alguna se había llevado un fuerte tirón de pelo con el consiguiente gemido de dolor, a ella no le dolía nada, y sin embargo notó un amargo nudo en la garganta, que tras unos segundos la enmudeció. Era incapaz de articular palabra. Asustada por no poder hablar jamás volvió corriendo al camino con la intención de regresar al pueblo a pedir ayuda pero el camino ya no estaba. Había en su lugar un extraño reguero viscoso que partía del árbol en el que había estado sentada hacía unos segundos hacia la puesta de sol. Lo siguió curiosa y pronto alcanzó al creador de tan extraño sendero, nada mas y nada menos que un gran y rojo caracol que avanzaba lenta, muy lentamente . Intentó adelanatarle para ponerse delante suyo y reclamar su atención con gestos, comprobar si podia ayudarla, pero no le fue posible, sus pies estaban pegados a la baba del caracol y solo podía avanzar deslizandose por ella tras la enorme concha carmesí, cualquier intento de abandonarla era inutil. Se resignó, sin voz, y sin poder salir corriendo en busca de alguien que la ayudara caminó lenta, muy lentamente. Era curisoso porque a pesar de la lentitud de sus pasos el paisaje a us alrededor iba metamorfoseandose rápidamente, no quedaba ningún árbol ya a la vista y las piedras se convirtieron en tierra y la tierra en arena. El sol del poniente cada vez estaba más cerca, el calor era sofocante y el silencio pesado. Nada vibraba a su alrededor, nada se movía, ¿ Nada? El caracol había desaparecido, estaba sola perdida en medio de un inmenso desierto. Cerró los ojos en busca de algún sonido cerrándolos fuertemente, como si con la fuerza de sus párpados pudiera atraer algún signo de vida que se mantuviera oculto a su alrededor. Y lo consiguió, tras unos minutos creyó oir algo, un goteo lento que poco a poco se fue convirtendo en una suave corriente, Que extraño, pensó no imaginaba que en este desierto pudiera haber ningún riachuelo... que agradable sería meter los pies en el para aliviar todo el calor del cuerpo... debe correr bajo la arena.... se concentro imaginando unas raices que desde la planta de sus pies alcanzaran el oculto acuaeducto, consiguió aliviar el calor pensando en ello mientras empezaba a sentir que el sudor de su frente volvia al interior de su cuerpo, el calor menguaba, he incluso imaginó que una brisa agitaba sus ramas.... ¿sus ramas? Alzó las manos buscando la seca corteza que había dañado y encontró en su lugar un tronco fuerte y unas ramas flexibles, aspiro, olía a color verde, crecia su árborea cabellera mientras su pensamiento se aproximaba veloz hacia el agua que corria bajo sus pies, y cuando la sombra de su ramaje le protegió por completo del ardiente sol, sus raices se sumergieron en el agua. Se había convertido en un expléndido sauce con una verde melena que caía lacia hasta sus pies acunada por el viento. Llorón llamaron al árbol al que sus ideas dieron forma. Lo que no comprendía los que asi le nombraron con burla es que son las lágrimas el río que corre bajo nuestros pies y que nos ayuda a crecer y transformarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario